Andrés Bernal - Ruta Oeste

cabecerablogbernal.jpg
Ruta Oeste. Un programa para caminar por Extremadura.
Blog del programa: Ruta Oeste
Blog del presentador: Andrés Bernal

¿Qué hay en la mochila?

Son muchas las personas que cuando nos ven caminar por el pueblo, o por  la zona  donde estamos grabando se acercan; al principio con timidez pero con una curiosa brillantez en los ojos, como de estar reconociendo a alguien que les es familiar. Inmediatamente después,  unos te abrazan mientras dicen: - Usted es el del sombrero, verdad-.  Otros con una sonrisa en los labios te apuntan:   -  tú eres el que se pega esas "panzas" de andar,...por todos los pueblos....-, otros te abrazan, o te dan dos besos, y  los más comedidos te saludan con un sincero apretón de manos. Reconozco que no deja de sorprenderme, y a veces la situación me abruma. Aún así debo de decir: que tanto a mí como al equipo de personas que hace "Ruta Oeste"  es todo un alago que nos reconozcan nuestro trabajo y sobre todo que les guste. Eso sí, existe una cuestión, que a la gran mayoría de las personas que nos saluda, se puede decir que les intriga y  en la que suelen coincidir, todos nos hacen la siguiente pregunta: - ¿Y en la mochila, qué llevas? -. Durante más de año y medio trabajando en esta serie, ha sido la pregunta más oída y repetida. Yo solía manifestarme con ambigüedades, tal vez dejando, a la imaginación del encuestador, la duda, o tal vez porque desvelar lo que un viajero lleva en su mochila, sería como desnudarse. Mientras tanto la duda persiste y el empeño, de algunos,  por desvelar, qué es lo que esconde la mochila del viajero de "ruta oeste", se está convirtiendo en una cuestión susceptible de albergar apuestas. Y como en el último pueblo donde hemos estado me  han vuelto a hacer la susodicha pregunta, he decidido descubrir lo que ampara la mochila de cuero. Pues en el morral o en el zurrón, como a mí me gusta llamar a este saco de cuero que me echo a las espaldas para caminar por Extremadura, lo lleno por una parte de cosas tangibles como: un cuaderno de campo y lápices con los que me gusta ir escribiendo y dibujando  todos esos bocetos de vida que voy observando. Poseo, también, un prismático para acercar a mis ojos toda esa naturaleza extraordinaria que se mueve a nuestro alrededor. No puede faltar una brújula, instrumento vital para el viajero; para usarse en esas veces que uno se siente afortunadamente perdido. Otra herramienta de igual importancia es una navaja, cuya hoja me ayude a cortar el chorizo y el pan cuando los sujeto con una sola mano, al más genuino estilo de las gentes sabia de los campos. Una cantimplora que alivie la sed del camino y algún dulce que apacigüe los andares. Como ven sí llevo cosas en la mochila. Y por último lo imperceptible. El morral está lleno de emociones  y sorpresas que suele acontecer en el camino, de anécdotas que se agolpan con igual importancia en el recuerdo. Un zurrón repleto de rutas infinitas que se dibujan en la cabeza del viajero. Una mochila que hospeda a una multitud de gentes repletas de amabilidad que desinteresadamente han querido darnos todos: sus recuerdos, sus historias, sus trabajos,.... Un morral repleto de regalos. Una mochila viajera que ampara los sentidos de los recorridos  por la dehesas, con olores de tahonas por calles empinadas, una mochila con los colores de casas blancas pintadas con la luz del día. De sonidos de aves esteparias que se confunden con el paisaje del horizonte. Una mochila del color del adobe de las casas de los pueblos de montaña, repleta del guirigay  de corrales. Del estruendo de arroyos jóvenes que vuelcan sus aguas a sosegados ríos...esto y más acoge la mochila de Ruta Oeste.

LA DEHESA ELPAISAJE DEL HOMBRE

Siempre me gusto viajar por el paisaje de las dehesas, comprimir en cada recorrido los diferentes tiempos que la habitan y que a su vez generan sensaciones tan diferentes. Las dehesas son los bocetos de extensos bosques de “quercus”; que antaño pintaban de verde-bosque gran parte de Extremadura. Cada paso que doy entre estos centenarios árboles me indican la historia de cada uno de ellos. En cada piel de encinas y alcornoques se pueden leer las bondades y penurias del clima mediterráneo, éstos son los árboles más habituales de encontrar en las dehesas extremeñas y por lo tanto nuestros aliados. La dehesa fue un bosque, que un día el hombre domesticó, lo adaptó a sus necesidades, y a pesar de su extremo clima: con fríos inviernos, heladas blancas que hielan el aire; con veranos tórridos que calientan el suelo, cubriendo de luz y calor todo este bosque, y con otoños lluviosos que lo empapan todo; aún así, el hombre lo convirtió en el más sostenible de los recursos naturales.

La dehesa es amiga de vivir en altitudes de unos 400 metros y le gusta los extremos, teniendo un clima: con veranos calurosos de casi 40º centígrados, e inviernos con 9ºC. La dehesa extremeña, ha sido durante siglos, un buen ejemplo de ecosistema equilibrado. El nacimiento de la dehesa, se inicia cuando el hombre ahuecó el encinar, modificando un bosque cerrado, que era el bosque mediterráneo, en un paisaje abierto a la vida y al aprovechamiento: ganadero, forestal y agrícola. En los albores de la historia del hombre y el encinar, amanecía siempre la obsesión de éste por controlar todo su entorno. A lo largo de esta relación, la mano del hombre fue eliminando árboles y arbustos, aclarando el bosque, limpiándolo de maleza, pastizales y matorrales. Dejando sólo, aquellos árboles que seguían permitiendo la utilización de la palabra bosque.

Una frondosidad siempre verde, siempre con hojas. Con la luz de la mañana la dehesa se viste con el característico verde-vida, sólo matizado por los amarillos de las flores de las encinas y alcornoques. Cada árbol es un bosque, y cada bosque es un solo árbol. Entre los espacios vacíos de vegetación, el pasto emerge más verde, configurando una las más hermosas imágenes de este ecosistema, sólo su observación deleita al caminante. Andar por este bosque abierto es una de las experiencias más tranquilizadoras y relajantes que he tenido.

La palabra dehesa significa defensa o acotado. Era un mundo grande que debía de protegerse. Un paisaje perfecto, donde el hombre y la naturaleza vivían en armonía. Es aquí donde nacen los “Los hombres de la encinas” un mundo mágico de druidas y amantes de la naturaleza.

La dehesa, en Extremadura la componen sobre todo, dos tipos de árboles, la encina y el alcornoque. Son los protagonistas y vigilantes, desde su mundo estático del discurrir de la vida. Árboles testigos de la evolución del bosque. Espectadores inmóviles de un mundo cambiante y modificado por el hombre. Pero este mar de encinas y alcornoques, tiene también su propio ocaso, un atardecer triste donde la sobreexplotación ganadera, la deforestación, las podas abusivas, el abandono, los incendios….y un largo etcétera de problemas ambientales, están apagando un bosque lleno de existencia. Un paisaje que no dejamos que se regenere, siendo, por lo tanto, un bosque anciano que puede desaparecer, si no permitimos que broten los árboles del futuro.